domingo, 11 de marzo de 2012
Luis Cernuda

Donde habite el olvido
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
sábado, 10 de marzo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
Marina Tsvietáieva

Magdalena
De tus rumbos no voy a preguntarte,
Pues todo se ha cumplido – ¡Mi adorada!
Cuando estaba descalzo, me calzaste
Con el chubasco de tu pelo
Y – de tus lágrimas.
No voy a preguntarte por el precio
que por esos aceites tú pagaste.
Cuando estaba desnudo, con la ola
Del cuerpo me inundaste – como cota
Completo me rodeaste.
Tu desnudez repasarán mis dedos
Sin ni siquiera pronunciar palabra alguna.
Yo era recto, mas tú, a mis pies cayendo,
Me enseñaste la inclinación de la ternura.
Hazme entre tus cabellos una fosa,
Sin lino empáñame.
- ¡Tú que das mirra! Y yo ¿quiero su aroma?
Tú me lavaste
Como una ola.
miércoles, 7 de marzo de 2012
La comunidad inconfesable - Maurice Blanchot

¿Quiere ello decir que no se confiesa o bien que ella es de tal modo que no hay confesiones que la revelen, ya que cada vez que se ha hablado de su manera de ser se presiente que de ella sólo se ha captado lo que la hace existir por defecto? Entonces, ¿habría valido más callarse? ¿Más valdría, sin ponerse a valorar sus rasgos paradójicos, vivirla en lo que la hace contemporánea de un pasado que nunca ha podido ser vivido? El demasiado célebre y demasiado machacado precepto de Wittgenstein, «De lo que no se puede hablar, hay que callar», indica de hecho que, puesto que al enunciarlo no ha podido imponerse silencio a sí mismo, en definitiva, para callarse, hay que hablar. Pero ¿con palabras de qué clase? He aquí una de las preguntas que este pequeño libro confía a otros, menos para que la respondan que para que quieran cargar con ella y acaso prolongarla. Se encontrará así que ella tiene también un sentido político acuciante y que no nos permite desinteresarnos del tiempo presente, el cual, abriendo desconocidos espacios de libertades, nos hace responsables de nuevas relaciones, siempre amenazadas, con las que siempre se cuenta, entre lo que llamamos obra y lo que llamamos desobra.
jueves, 1 de marzo de 2012
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