viernes, 22 de diciembre de 2017

Gabriel Jaime Caro




Visión una

¿Para que otra cosa más servirán nuestras pisadas?
"Las pisadas del hombre honrado hablan", decía Nietzsche.
Las huellas amadas y perseguidas del pasado pasionario.
En el desierto donde nace la agonía, en su plaza más
Antigua; como decía Bertolucci a la corresponsal.

The Sheltering Sky, un té en el Sahara, el cielo
Protector, de Paul Bowles.
Un ahorro potencial, una comunicación con el mal entre
Hombres de cámara. Si, lo extraño es el arte negativo,
Allí donde la energía es el color oscuro del sol.

Todos ríen, nada más placentero que la confusión gratuíta
de los dioses en el hueco de la mujer amada.

A nadie se le ocurrirá decir que las dunas son hermosas,
Después de la pérdida del ser amado,
Sólo Dios condescenderá.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Rogelio Echavarría





Lugar común
Ya que no todos podemos ser
poetas
comprender lo sensible
o exaltar lo sencillo
hablemos francamente
confesemos nuestro fracaso
de hombres sin alas
de hojas muertas en el estío
nuestros empeños ciegos
sin metáforas vanas
nuestra identificación con todos
o con casi todos
y si alguien nos entiende
y fecunda nuestra impotencia
eso también es poesía
o por lo menos una gota
en la sed del infierno
cotidiano.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Queen

John Galán Casanova





XLIX


amarnos por teléfono
e internet

escucharnos
a cientos de kilómetros

vernos sin tocarnos

reos de visita
a través de una bocina
y un cristal

a media hora de amor luz
la boca no lame,
los dedos no saquean olores

no abusemos 
de la cibernética
y la telepatía

cambiaré el ordenador
por un tiquete

para burlar esta quimera 

lunes, 2 de octubre de 2017

Sylvia Plath (1932/1963)




Canción putesca



La blanca helada se acabó,
los sueños verdes nada valen,
tras un mal día de trabajo
llega el momento de la sucia puta:
su simple fama llena nuestra calle.
Todos los hombres:
blancos, rubicundos, negros
derivan hacia su forma desmañanada.

Fijaos, os pido, en esa boca
hecha para bofetadas
en ese rostro costuroso
sesgado a fuerza de pintarrajos, hondones, marcas,
violado por cada hosco año.
Ningún hombre se le acerca
que sea capaz de concentrar aliento
con que corcusir fuego de amor en tan fétida mueca
como apuntan
mis castísimos ojos
saliendo de charco, zanja, trago.