domingo, 29 de enero de 2012

ALFREDO PÉREZ ALENCART. El poeta se indigna ante toda injusticia - Delfina Acosta





En esta entrevista, los lectores podrán saber aún más cómo y por qué España empieza a desangrarse y la poesía se indigna. Tiene la palabra Alfredo Pérez Alencart, poeta y ensayista hispano-peruano. Desde 1987, es profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca. En 2005 fue elegido miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. Desde 1998, es coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos.


¿La poesía también se indigna ante el drama económico que vive España?

La poesía es vida y sus oficiantes la empuñan con inclaudicable fuerza, sea en España o Etiopía. Al margen de tópicos romanticoides, desearía precisar que el poeta no mira la luna más que cualquier otro mortal ni tampoco espera la salida del cucú oculto en las entrañas de un reloj que no funciona. Conviene decir que no todo el que escribe versos logra, al final, destilar Poesía. No es fácil lograr que esas palabras arrejuntadas obtengan el voltaje necesario para darles eternidad en la memoria de aquellos a los que logró conmover. Sépase que el poeta no es alguien panfletario: es un “cirujano” que detecta más rápido, por ejemplo, lo hermoso o cancerígeno de una sociedad solidaria o próxima a la metástasis. De ahí surgen vibrantes poemas telúricos, eróticos y sociales. Entonces, solo por necesidad, hace loanza o clama, dando voz a quienes no tienen posibilidad de exponer su drama o su porción de felicidad.

Claro que el poeta español se indigna ante toda injusticia o beligerancia unilateral, algo que demostró cuando la guerra de Irak, por señalar un caso. También se consterna ante la devastación que en Japón causó el maremoto del pasado año. Lo ha demostrado tanto en verso como en prosa. Pero es cierto que la aparente bonanza económica, gozada las dos décadas pasadas, hizo que buena parte de esa inmensa minoría poética se decantara hacia una poesía existencial marcada por melopeas del yo y por un coloquialismo intrascendente. Había como un desdén hacia todo texto que abordara la cruda realidad de algunos desfavorecidos, como era el caso de los inmigrantes llegados por tierra, cielo y pateras. Hoy muchos españoles están saliendo o se plantean traspasar fronteras.

De este tiempo crítico estoy convencido que surgirán algunas voces nuevas que sigan la estela que otrora dejaron León Felipe o Gabriel Celaya. Habrá brotes de poesía cívica de alta calidad, como la de mi amigo Jacobo Rauskin en suelo paraguayo.

Los poetas son marcadamente sensibles. ¿Cómo sientes tú, íntimamente, la situación que acorrala al pueblo, a los desfavorecidos?

La tormenta que descarga su granizo sobre España y sus gentes me lacera hasta llagarme el corazón. El contómetro existencial indica que radico en Salamanca más años que los vividos en mi Perú primero, aunque ya antes España estaba en mi sangre, pues por vía paterna, el abuelo procedía de Asturias, mientras que mi abuela tenía linaje gallego. Y si antes me dolía la España de extramares, hoy me duele esta España que de pronto perdió sus poses de nueva rica y ve cómo cerca de cinco millones y medio de ciudadanos están en el desempleo, sufriendo efectos negativos como el embargo y remate de la vivienda adquirida con préstamos hipotecarios o estrecheces por no llegar a fin de mes.

Sin ser clarividente ni adoptar lenguaje de pitoniso, en 2006 escribí un poemario titulado Hombres trabajando publicado a principios de 2007 por el sindicato UGT. Entonces muy pocos comentaron el libro porque, supongo, lo creyeron desfasado, filosocialista y demás sandeces. Era una llamada de atención de un poeta que, además, oficia de profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Salamanca. No me cuadraban las cuentas entre los salarios que se ganaban y los precios estratosféricos de las viviendas. Algo no encajaba en ese tren de consumo desaforado, automóviles de última generación, vacaciones y viajes por doquier. Así, en los primeros versos del poema inicial, “Hermano, amigo que trabajas” ya se encuentra la advertencia: “Yendo a lo nuestro,/ acercándonos a la lumbre/ que al crepúsculo/ nos alumbra el rostro, te diré/ que debes aprender a recibir los días/ con todas sus esquirlas,/ a que pueden volver/ veranos oscuros, languideces,/ grilletes”. En casi todos los sectores de la población había excesiva confianza en la bonanza eterna y se solicitaban préstamos que se dilataban hasta treinta y cinco años. Los bancos otorgaban créditos sin mayores garantías y cada quien se preocupaba de lo suyo, optando por desviar la mirada ante ciertos casos de miseria o ante innumerables casos de corrupción. Cada pueblo o ciudad pequeña quería magnas infraestructuras; cada provincia su aeropuerto y que el tren de alta velocidad pasara por la puerta de su casa.

Los pocos que escribíamos artículos denunciando este derroche no pocas veces recibimos reproches o insultos. Ahora todos.

ESQUELA DE DEFUNCIÓN DE LA SANIDAD

¿Saldrá a flote España? ¿Percibes un panorama económico alentador?

España saldrá a flote cuando ponga a buen recaudo a sus truhanes, llámense banqueros que se jubilan con 60 millones de euros o políticos lacayos que piden sacrificios salariales o despidos gratuitos; llámense yernos del Rey o ladronzotes de cuello blanco saqueando las arcas públicas; llámense también tantos gobiernos de comunidades autónomas que se han sobreendeudado alegremente: las autonomías han motivado, por lo general, una duplicación del gasto que hacía el Estado.

Ya está bien que otra vez paguen los justos por los pecadores. Espero que las inclemencias de esta crisis, el hartazgo ante las sumisiones del poder político a la injerencia del poder financiero provoquen una catarsis que traiga la Ética que nunca pasa de moda.

También es necesario que se vuelva a entrañar en el imaginario colectivo la cultura del esfuerzo y de saber que el dinero no es un maná que cae del cielo, que hay que hacer sacrificios y dedicar tiempo a labrarse un futuro mejor.

España saldrá a flote cuando los políticos dejen de decir muchas hermosas mentiras y cuando volvamos a la prudencia, bien lejos del despilfarro de hace poco.

El panorama económico no es alentador, pues los nuevos políticos gobernantes creen que solo los recortes solucionarán el problema del déficit público. El consumo se ha frenado en seco, los bancos tienen activos que no valen lo que figuran en sus balances, como es el caso de los préstamos de dudoso cobro. Necesitan una inyección de dinero de más de cien mil millones de euros.

No tengo demasiado optimismo, más sabiendo que la economía mundial está al borde la recesión y de que el actual ministro de Economía fue el responsable para Europa del banco Lehman Brothers, el mismo que quebró, pero tras mucho falsear sus cuentas con tal de seguir aparentando una solvencia que no tenía, aprovechando la desregulación de los mercados financieros.

El neoliberalismo ultramontano quiere acabar para siempre con los derechos sociales. Ahora impone sus propios gobiernos, como en Grecia o Italia, sin pasar por las urnas. Y está preparando la esquela de defunción de la sanidad o la educación pública de calidad. Creo que el modelo de Islandia prenderá más pronto que tarde, pues por referéndum ciudadano se negó a rescatar a la banca privada, nacionalizando los bancos y procesando judicialmente a sus directivos y a políticos que dolosamente permitieron esta comisión de delitos financieros. Islandia ha terminado el año con un crecimiento económico que supera de largo a la Unión Europea, el mismo que se prevé del 2,7 % para 2013, entre otros motivos por que está generando empleo.

En América Latina se escucha el latir profundo de España. El ejemplo de este diario paraguayo cruza fronteras de una hermandad inabarcable.


29 de Enero de 2012






Tomado de ABC Digital

Claudio Eliano




Claudio Eliano o Eliano (en latín Claudius Aelianus) (c. 175 - c. 235), nacido en Praeneste, fue un autor y profesor de retórica romano que tuvo su máximo esplendor durante el gobierno de Septimio Severo y que probablemente sobrevivió a Heliogábalo. Hablaba el griego de forma tan fluida que se le llamaba de lengua de miel. Aunque nacido en Italia, prefería los autores griegos y escribió sus obras en un griego algo arcaizante.

Sus dos obras principales tienen un valor considerable, porque contienen numerosas citas del trabajo de autores anteriores que de otra forma se habrían perdido, así como por los sorprendentes relatos de tradiciones populares que ofrecen inesperadas visiones de la forma de vida del mundo greco-romano.


De Natura Animalium


Sobre la naturaleza de los animales, ("Sobre las características de los animales" es un título alternativo empleado en numerosas ocasiones, aunque en latín). Se trata de una curiosa colección, en 17 libros, de breves historias sobre naturaleza, seleccionadas algunas para proporcionar lecciones morales alegóricas y otras simplemente por ser sorprendentes:

"El castor es una criatura anfibia: por el día vive escondido en los ríos, pero de noche deambula por la tierra, alimentándose con lo que encuentra. Así comprendemos la razón por la cual los cazadores lo persiguen con tal impaciencia e impetuosidad. Entonces, éste agacha la cabeza y con sus dientes se corta los testículos y los arroja en el camino, como un hombre prudente que, habiendo caído en manos de ladrones, sacrifica todo lo que lleva para salvar su vida y pierde el derecho a sus posesiones por medio del rescate. Si, no obstante, ha salvado ya su vida mediante la autocastración, y vuelve a ser perseguido, entonces éste se pone en pie y revela que no ofrece motivos para la impaciente persecución y libera al cazador de todo esfuerzo adicional puesto que ellos estiman la carne. En ocasiones, sin embargo, los castores con los testículos intactos, después de haber escapado tan lejos como les ha sido posible, han atraído la parte codiciada y con gran habilidad e ingenuidad engañado a sus perseguidores, pretendiendo que ellos ya no poseen lo que guardan oculto"

sábado, 28 de enero de 2012

miércoles, 25 de enero de 2012

El fingimiento feliz (o la ficción afortunada) - Marqués de Sade


Hay muchísimas mujeres que piensan que, con tal de no llegar hasta el fin con un amante, pueden al menos permitirse, sin ofender a su esposo, un cierto comercio de galantería, y a menudo esta forma de ver las cosas tiene consecuencias más peligrosas que si su caída hubiera sido completa. Lo que le ocurrió a la marquesa de Guissac, mujer de elevada posición de Nimes, en el Languedoc, es una prueba evidente de lo que aquí proponemos como máxima.

Alocada, aturdida, alegre, rebosante de ingenio y de simpatía, la señora de Guissac creyó que ciertas cartas galantes, escritas y recibidas por ella y por el barón de Aumelach, no tendrían consecuencia alguna, siempre que no fueran conocidas; y que si, por desgracia, llegaban a ser descubiertas, pudiendo probar su inocencia a su marido, no perdería en modo alguno su favor. Se equivocó... El señor de Guissac, desmedidamente celoso, sospecha el intercambio, interroga a una doncella y se apodera de una carta; al principio no encuentra en ella nada que justifique sus temores, pero sí mucho más de lo que necesita para alimentar sus sospechas. Coge una pistola y un vaso de limonada e irrumpe como un poseso en la habitación de su mujer...

-Señora, he sido traicionado -le ruge enfurecido-; leed este billete: él me lo aclara, ya no hay tiempo para juzgar, os concedo la elección de vuestra muerte.

La marquesa se defiende, jura a su marido que está equivocado, que puede ser, es verdad, culpable de una imprudencia, pero que no lo es, sin lugar a duda, de crimen alguno.

-¡Ya no me convenceréis, pérfida! -le contesta el marido furibundo-, ¡ya no me convenceréis! Elegid rápidamente o al instante este arma os privará de la luz del día.

La desdichada señora de Guissac, aterrorizada, se decide por el veneno; toma la copa y lo bebe.

-¡Deteneos! -le dice su esposo cuando ya ha bebido parte-, no pereceréis sola; odiado por vos, traicionado por vos, ¿qué querríais que hiciera yo en el mundo? -y tras decir esto bebe lo que queda en el cáliz.

-¡Oh, señor! -exclama la señora de Guissac-. En terrible trance en que nos habéis colocado a ambos, no me neguéis un confesor ni tampoco el poder abrazar por última vez a mi padre y a mi madre.

Envían a buscar en seguida a las personas que esta desdichada mujer reclama, se arroja a los brazos de los que le dieron la vida y de nuevo protesta que no es culpable de nada. Pero, ¿qué reproches se le pueden hacer a un marido que se cree traicionado y que castiga a su mujer de tal forma que él mismo se sacrifica? Sólo queda la desesperación y el llanto brota de todos por igual. Mientras tanto llega el confesor...

-En este atroz instante de mi vida -dice la marquesa- deseo, para consuelo de mis padres y para el honor de mi memoria, hacer una confesión pública -y empieza a acusarse en voz alta de todo aquello que su conciencia le reprocha desde que nació.

El marido, que está atento y que no oye citar al barón de Aumelach, convencido de que en semejante ocasión su mujer no se atrevería a fingir, se levanta rebosante de alegría.

-¡Oh, mis queridos padres! -exclama abrazando al mismo tiempo a su suegro y a su suegra-, consolaos y que vuestra hija me perdone el miedo que le he hecho pasar, tantas preocupaciones me produjo que es lícito que le devuelva unas cuantas. No hubo nunca ningún veneno en lo que hemos tomado, que esté tranquila; calmémonos todos y que por lo menos aprenda que una mujer verdaderamente honrada no sólo no debe cometer el mal, sino que tampoco debe levantar sospechas de que lo comete.

La marquesa tuvo que hacer esfuerzos sobrehumanos para recobrarse de su estado; se había sentido envenenada hasta tal punto que el vuelo de su imaginación le había ya hecho padecer todas las angustias de muerte semejante.

Se pone en pie temblorosa, abraza a su marido; la alegría reemplaza al dolor y la joven esposa, bien escarmentada por esta terrible escena, promete que en el futuro sabrá evitar hasta la más pequeña apariencia de infidelidad. Mantuvo su palabra y vivió más de treinta años con su marido sin que éste tuviera nunca que hacerle el más mínimo reproche.

domingo, 22 de enero de 2012

Agustín de Rojas Villandrando



Escritor, actor y dramaturgo español del Siglo de Oro, especializado en el género de la loa.

Fue soldado en Francia, estuvo prisionero en La Rochelle y después fue corsario contra los ingleses. Pasó por varias ciudades de Italia y fue perseguido por la justicia por haber dado muerte a un hombre en Málaga; se acogió a sagrado en el templo de San Juan, y allí compró su libertad por trescientos ducados mediante las gestiones de una mujer que se enamoró de él y que al salir tuvo que mantener como amante suya, trabajando como "negro" de eclesiásticos para los que escribía sermones; además sobrevivió como ladrón de capas, sombreros, tizonas y huertas, "tirando de la jábega" varios meses. Vivió en varias ciudades de España: Sevilla, Granada, donde al prohibirse las comedias entre 1598 y 1600 tuvo que poner una mercería con la que vivió una efímera etapa de esplendor económico, y Valladolid (1602) sin que a veces se supiera de qué se mantenía, por lo que le llamaron "El caballero del milagro", título de una comedia decimonónica de Luis de Eguílaz inspirada en la vida del escritor. Desde 1601 había empezado a frecuentar la compañía de los cómicos y a ir con ellos de un lugar a otro. Debió morir en Paredes de Nava antes de 1635, puesto que su mujer Ana de Arceo, con la que se casó en 1603, ya se llamaba viuda en ese año, si bien el último documento que se halla sobre el escritor lleva fecha de 1618: una petición de confirmación del privilegio de hidalguía hecha en Santa María del Valle, en la cual afirmaba ser escribano de Su Majestad y del número de Zamora.

sábado, 21 de enero de 2012

Carlos Bedoya




LA MÚSICA DEL AMOR

El ruido de la muerte
aquí
en este bar desolado*
donde la serenidad
tras unas cuantas
muestras gratis
de jarabe esquizofrénico
solo puede inclinarse
a los pies de tu plegaria
os convida hoy a cantar
la música del amor
como siempre
en vaso desechable



* Malcolm Lowry