viernes, 28 de marzo de 2014

De las cosas que se pueden poner en duda - René Descartes







Hace ya algún tiempo que me di cuenta de que, desde mi infancia, había tenido por verdaderas numerosas opiniones falsas, y que lo construido posteriormente sobre principios tan poco firmes no podía dejar de ser altamente dudoso e incierto; de modo que debía emprender seriamente por una vez en mi vida la tarea de deshacerme de todas las opiniones que había tomado hasta entonces por verdaderas, y comenzar completamente de nuevo, desde los cimientos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias. Pero, pareciéndome demasiado grande esta empresa, esperé a haber alcanzado una edad que fuese lo suficientemente madura como para no poder esperar otra después de ella que fuese más propicia para ejecutarla; lo que me ha hecho diferirla tanto que en adelante creería cometer una falta si encima emplease en deliberar el tiempo que me queda para actuar. Ahora, pues, que mi espíritu está libre de toda preocupación, y que me he procurado un reposo tranquilo en una apacible soledad, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir de un modo general todas mis antiguas opiniones.

lunes, 17 de febrero de 2014

Helí Ramírez












Uno es algo


Y no me diga que uno es nada en la vida. ¿Somos nada? Somos.

Yo soy.

Es imposible no ser algo. Uno es algo.

¿Que uno es nada si no se tiene un peso en el bolsillo
ni tarjeta en un cajero?

De acuerdo. Muy estúpido sería decirle que no. No tenemos un
peso, ni tarjeta para meter en la ranura de un cajero,
pero de ahí a que somos nada, mal me huele esa idea.

Y para que se muerdan las uñas: eso tiene solución en uno de esos
pensamientos que llaman malos bien parado en la mente
por una carretera sembrada en pinos de ilusiones.

Y no me diga que así lo quiso el destino.

A la una, a las dos, o a las cuatro de la tarde o del amanecer
uno es lo que quiera ser o sea
a no ser que de pereza nos quedemos sentados...

sentados a esperar que el billete
del cielo caiga por un hueco en el techo
a la sala del rancho.

Yo sí tengo muchas cosas que ser para hacer.

lunes, 10 de febrero de 2014

Atanasio Fet - Rusia




De noche...


De noche me gusta quedarme junto a la ventana.
La luna me mira desde lo alto. Penetrando a través
de los vidrios, con sus rayos dibuja cuadrados
en el piso y llena el cuarto de humo transparente.
Tras de la ventana, en el jardín, entre lilas y tilos,
apartando las copas oscuras, con su rayo incierto pasa

a través de las ramas y sus flechas doradas caen
como una lluvia clara. A veces una hoja solitaria impide
al rayo lunar derramarse en el suelo,
y cubierta de luz, tiembla, negra, en su sombra.
Y exclamo: ¡bendito, mil veces bendito
el que ya está iniciado, oh Diana, en tus misterios!


domingo, 29 de diciembre de 2013

Attila József - El séptimo





Si emprendes el camino en este mundo
mejor será que nazcas siete veces
Una, dentro de una casa ardiendo,
una, en una inundación de aguas heladas,
una, en un manicomio desenfrenado,
una, en un campo de trigo maduro
una, en un claustro vacío,
y una entre los cerdos de las pocilgas.

Seis bebés lloran; no es bastante:
tú mismo debes ser el séptimo.
Cuando tengas que luchar por tu existencia,
deja que tu enemigo vea siete.
Uno, que no trabaja los domingos,
uno, que empieza el lunes,
uno, que enseña sin cobrar,
uno, que aprendió a nadar ahogándose,
uno, que es semilla de todo un bosque,
y uno, al que antepasados salvajes protegen,
pero todas sus artimañas no bastan:
tú mismo debes ser el séptimo.

Si quieres encontrar mujer,
deja que siete hombres la busquen.
Uno, que entrega su corazón a cambio de palabras,
uno, que mira bien dónde se mete,
uno, que afirma ser un soñador,
uno, que puede palpar a través de las faldas,
uno, experto en desabrochar botones y corchetes,
uno, que la trate a patadas:
deja que revoloteen cual moscones a su alrededor.
Tú mismo debes ser el séptimo.

Si escribes y puedes darte el lujo,
deja que siete hombres escriban tu poema.
Uno, que construye una aldea de mármol,
uno, que nació mientras dormía,
uno, que traza un mapa del cielo y lo conoce,
uno, al que las palabras llaman por su nombre,
uno, que perfeccionó su alma,
uno, que diseca ratas vivas.
Dos son valientes y cuatro son sabios;
tú mismo debes ser el séptimo.


Y si todo salió como se ha escrito,
morirás por siete hombres.
Uno, que es acunado y amamantado,
uno, que agarra un pecho duro y joven,
uno, que tira los platos vacíos,
uno, que ayuda a los pobres a ganar,
uno, que trabaja hasta caerse a pedazos,
uno, que se contenta con mirar la luna.
El mundo entero será tu lápida:
tú mismo debes ser el séptimo.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

martes, 17 de diciembre de 2013

Jorge Meretta (Montevideo, Uruguay, 1940 - 2012)





IV


Mi tío bebe en un salón vacío. Detrás del humo de un cigarro brilla la mariposa de su copa en vilo; gira y de pronto tiembla hasta posarse un instante en sus labios. Y regresa a la promesa de un gastado vuelo. Mi tío bebe en un salón sin nadie mirándose a las manos fijamente para saber que existe: allí está él de su silla a su copa, al rostro único que un reloj le devuelve a cada instante. Un hombre bebe, bebe, está bebiéndose a lentos y profundos sorbos. Todo cae en su río, sigue en su corriente, porque la sed no cede y es temprano para que duerma y se vacíe el mundo.