sábado, 26 de enero de 2013

Frank Báez





MIRAMAR, 1986




Recuerdo esa noche de 1986

en que todos los vecinos se subieron

en las azoteas de las casas

a ver el paso del cometa Halley.

Destaparon cervezas y bebieron por horas

hasta que alguien anunció que ahí estaba y entonces

todos en sus azoteas se pusieron de pie

y aplaudieron cuando lo vieron pasar por el cielo

como un candidato en campaña.

Han pasado veinticuatro años.

Dentro de cincuenta y dos pasará de nuevo.

Igual que un espermatozoide extraviado

en el útero de una adolescente,

tratará nuevamente de fecundar el planeta.

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