viernes, 28 de noviembre de 2008

René Magritte. Nace un 21 de noviembre de 1898



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Dichos de Luder. Julio Ramón Ribeyro


2-Nada me impresiona más que los hombres que lloran -dice Luder- . Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando solo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.

0- Luder regresa de su habitual paseo por el malecón.- Estoy confundido - dice- . Cuando me aprestaba a gozar de una nueva puestade sol, un vagabundo salta la baranda, camina hasta el borde del acantilado,se baja los pantalones y se caga mirando mi crepúsculo. Eso demuestra la relatividad de nuestras concepciones estéticas.

1-No te desesperes - le dicen a Luder cuando se lamenta por no haber encontrado la compañera ideal a causa de sus achaques y sus manías.
- Siempre hay un roto para un descosido. -Si , pero yo no soy roto ni descosido: soy un remendado.

3 Envidian a Luder porque una o dos veces al mes se amanece conversando con un amigo muy inteligente.- ¡Debe ser una conversación apasionante¡- Ni crean. Como ignoramos más de lo que sabemos, lo único que hacemos es canjear fragmentos de nuestra propia tiniebla interior.


6 Le preguntan a Luder por qué no escribe novelas- Porque soy un corredor de distancias cortas. Si corro maratón me expongo a llegar al estadio cuando el público se haya ido.

12 Hay autores que fracasan majestuosamente -dice Luder-. Son como un trasatlántico que se va a pique en plena tempestad , con todas sus luces encendidas, entre el ulular de las sirenas. Otros, en cambio, son como el tipo que se ahoga en un estanque fangoso, sin que nadie lo vea, agarrado almango de una escoba podrida.

28- Estoy preocupado -dice Luder - He leído que nuestro nuevo presidente no fuma, ni bebe ni juega ni enamora- ¿Y qué?- Me espantaría ser gobernado por un hombre que haya ganado un premio de virtud.

jueves, 27 de noviembre de 2008

DIEZ DEFINICIONES DE LA POESÍA. Carl Sandburg




1. Poesía es una proyección en el silencio de cadencias ordenadas a romper ese silencio con definidas intenciones de ecos, sílabas, longitudes de onda.


2. Poesía es el diario de un animal marino, viviendo en tierra, deseoso de volar.


3. Poesía es una serie de explicaciones de la vida, perdiéndose en horizontes demasiado rápidos para explicaciones.


4. Poesía es una búsqueda de sílabas para arrojarlas a las barreras de lo desconocido y lo inconocible.


5. Poesía es el teorema de un pañuelo de seda amarillo, anudado con acertijos, encerrado en un globo de colores, atado a la cola de un barrilete que flota en un viento blanco contra un cielo azul en primavera.


6. Poesía es el silencio y la conversación entre la raíz de una flor que se debate bajo la tierra y el soleado capullo abierto de esa flor.


7. Poesía es el aparejo de la paradoja de la tierra acunando la vida y luego sepultándola.


8. Poesía es una inscripción fantasma que dice como son hechos los arco iris y por qué se van.


9. Poesía es una síntesis de jacintos y bizcochos.


10. Poesía es el abrir y cerrar de una puerta que deja conjeturando a los que miran sobre lo que se ve por un instante.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

martes, 25 de noviembre de 2008

Alcibíades (alumno de Sócrates)


La vida de Alcibíades, a tenor de lo que de él han ido escribiendo los más variados autores clásicos cercanos a su época, es una impresionante sucesión de aventuras, peripecias, anécdotas y señales históricas que le convierten en un personaje mas que destacado e influyente.
Fue ahijado de Pericles, admirador y enamorado (platónicamente) de Sócrates, estuvo en el cogollo de toda la vida política de la Atenas del siglo V a.C. Mas de un escritor le han señalado como un timonel de su realidad histórica.

Su huella queda marcada en los textos de variados autores: además de su relación con Pericles, con Sócrates, aparece reflejado en las letras de Tucídides, uno de los mas señalados historiadores de su época. Aparece en los escritos de Jenofonte, en los de Aristófanes, Eurípides y también en las referencias de Isócrates y Lisías, o Diodoro de Sicilia, o Andócides, . Y estos son meros ejemplos.
Si hacemos un mero apunte cronológico tenemos a Tucídides, que dedica desde el libro V hasta el final, es decir entre el año 420 al 411,
Jenofonte escribió la continuación de la historia que Tucídides dejó inacabada, Alcibíades aparece entre los años 411 y 404. También aparece en los recuerdos de Sócrates en "Los memorables".
Plutarco, entre sus "Vidas paralelas", le dedica una (La Vida de Alcibíades) conjugándola con la "Vida de Lisandro" (El lacedemonio que venció a Alcibíades)
Cornelio Nepote, autor de "Vidas de hombres Ilustres", dedica mas de una línea a nuestro personaje.
Pero además de Jenofonte, es Platón quien le pone en escena en numerosos diálogos, fundamentalmente en "El banquete" y en "Alcibíades mayor".
El Banquete, narra las conversaciones de una reunión de hombres eminentes que hablan del amor. Pero bien avanzada la charla y los diálogos, un ultimo personaje hace su entrada notoria y destacada. Viene ebrio y sostenido por un flautista. Todos le saludan y atienden su charla con Sócrates que es prácticamente el único interlocutor a su altura. El joven coronado de hiedra y el filosofo son las estrellas del dialogo. Y es que Alcibíades lo tiene todo.

Su atributo mas evidente es bien visible. Es excepcionalmente bello. En "Los memorables" el autor Jenofonte lo plantea desde el principio: "A causa de su belleza Alcibíades era perseguido por muchas damas de renombre.- (y no solo por damas) - Se le llamaba normalmente "El bello Alcibíades".
Hay que recordar que la belleza en aquellos tiempos, era un mérito que combinado con las cualidades morales constituía el ideal del hombre.
Si bien no existen imágenes del personaje, a través de su presencia en los textos se sabe que su hermosura iba acompañada con el salero, garbo y capacidad seductora. Plutarco lo plantea en su biografía: " En cuanto a la belleza de Alcibíades, no hay mas que decir que floreciendo la de su semblante en toda edad y tiempo, de niño, de adolescente, de hombre adulto, le hizo siempre amable y gracioso. Pues lo que dijo Eurípides, que en los que son hermosos es también hermoso el otoño, no es así. Este fue privilegio de Alcibíades y de algunos otros. Él se lo debe a un buen natural y a una excelente constitución física. En cuanto a su forma de hablar, se dice que hasta su defecto de pronunciación le agraciaba y le prestaba a su lenguaje un encanto que contribuía a la persuasión".
Son variadas las anécdotas - reales o inventadas - que reflejan las maneras y acciones de este seductor. Por ejemplo, aunque el pequeño Alcibíades aprendía todo lo que tenía que saber un joven de buena familia, y además mostrando una inteligencia excepcional, se cuenta que se negó tajantemente a aprender a tocar la flauta porque deformaba la cara y estorbaba la buena pronunciación.

sábado, 22 de noviembre de 2008

ESCRIBIÓ UN POEMA CON SU PROPIA SANGRE


Miguel Hernández es un caso muy singular en la poesía contemporánea mundial.
Prisionero político del franquismo, en su celda, aislado del mundo, tenía, aparte de su amor por la libertad, un amor mayor: la poesía. Careciendo de papel y pluma, se rompió las venas y en las paredes de su celda escribió sus versos. En ese lugar murió este bardo que es –injustamente- como una sombra de los otros grandes poetas de la España del siglo veinte.

Cuando yo recuerdo a Miguel Hernández me duele el cuerpo entero. Ese campesino joven, valiente, inteligente y talentoso fue el sino de la poética, el amante de ella que podía no separarse un instante de su quehacer cuando éste le decía: Miguel venid a mí…

Miguel –como los obedientes hijos de los grandes aedas griegos- hacía de la palabra un instrumento de denuncia sin rencor alguno: sólo mostraba al hombre el dolor de otros hombres.

En las fotografías que hay de él se ve el gesto adusto de tan enorme y valeroso caballero de la justicia, la paz y la libertad, cosas que lo llevaron a ponerse al lado de los que estaban contra el franquismo en la Guerra Civil que devastó a España.

En el tejido social que se oponía a las pretensiones del militar fascista estaban no sólo los republicanos. Estaban también los socialistas, los comunistas y, en especial, los anarquistas.

Miguel no podía estar aparte de aquella batalla enorme en que un pueblo –victimizado por odios diversos- se trenzó entre amigos y familiares incluso. De allí el famoso breve e imaginario diálogo que se produce entre una persona viva y un caído en el campo de batalla y que una revista publicó hace décadas:

-¿Quién te mató?
-Me mató mi hermano.

Porque la Guerra Civil de España –como todas las confrontaciones entre connacionales- lleva a eso: a no mirar si el “enemigo” era tu “enemigo” o era “tu hermano”, “tu padre”, “tu primo”.

A Miguel Hernández, el poeta, el enorme poeta, lo mató el franquismo. Encarcelado se fue muriendo como un árbol al que quitaron el sol, poco a poco, pero en su encierro el poeta sintió el llamado de su musa y careciendo de papel miró la pared de su celda y viendo que carecía de pluma, miró sus venas. Se las cortó y usó esa, su sangre, para escribir en el muro de su celda un poema. ¿El último? Es casi seguro. Miguel Hernández murió en ella, como un niño solo, como su niño yuntero. Además la enfermedad provocada a causa de la prisión y las tantas condenas a muerte que no se realizaron, ayudaron a ese fin prematuro. En efecto vivió sólo 32 años (1910-1942).

No es justo en la gran poesía española del siglo veinte colocar en un plano menor a este aeda. Su voz será eterna. Bastarán unos pocos poemas para que siga vivo. Y uno de ellos es éste:

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

FUENTES:

1.- “Mil años de poesía española”, antología de Francisco Rico. Editorial Planeta. Barcelona, España, 2000.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Rock en español y poesía

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Pobres gentes. Cuento de León Tolstoi


En una choza, Juana, la mujer del pescador, se halla sentada junto a la ventana, remendando una vela vieja. Afuera aúlla el viento y las olas rugen, rompiéndose en la costa... La noche es fría y oscura, y el mar está tempestuoso; pero en la choza de los pescadores el ambiente es templado y acogedor. El suelo de tierra apisonada está cuidadosamente barrido; la estufa sigue encendida todavía; y los cacharros relucen, en el vasar. En la cama, tras de una cortina blanca, duermen cinco niños, arrullados por el bramido del mar agitado. El marido de Juana ha salido por la mañana, en su barca; y no ha vuelto todavía. La mujer oye el rugido de las olas y el aullar del viento, y tiene miedo.
Con un ronco sonido, el viejo reloj de madera ha dado las diez, las once... Juana se sume en reflexiones. Su marido no se preocupa de sí mismo, sale a pescar con frío y tempestad. Ella trabaja desde la mañana a la noche. ¿Y cuál es el resultado?, apenas les llega para comer. Los niños no tienen qué ponerse en los pies: tanto en invierno como en verano, corren descalzos; no les alcanza para comer pan de trigo; y aún tienen que dar gracias a Dios de que no les falte el de centeno. La base de su alimentación es el pescado. "Gracias a Dios, los niños están sanos. No puedo quejarme", piensa Juana; y vuelve a prestar atención a la tempestad. "¿Dónde estará ahora? ¡Dios mío! Protégelo y ten piedad de él", dice, persignándose.
Aún es temprano para acostarse. Juana se pone en pie; se echa un grueso pañuelo por la cabeza, enciende una linterna y sale; quiere ver si ha amainado el mar, si se despeja el cielo, si hay luz en el faro y si aparece la barca de su marido. Pero no se ve nada. El viento le arranca el pañuelo y lanza un objeto contra la puerta de la choza de al lado; Juana recuerda que la víspera había querido visitar a la vecina enferma. "No tiene quien la cuide", piensa, mientras llama a la puerta. Escucha... Nadie contesta.
"A lo mejor le ha pasado algo", piensa Juana; y empuja la puerta, que se abre de par en par. Juana entra.
En la choza reinan el frío y la humedad. Juana alza la linterna para ver dónde está la enferma. Lo primero que aparece ante su vista es la cama, que está frente a la puerta. La vecina yace boca arriba, con la inmovilidad de los muertos. Juana acerca la linterna. Sí, es ella. Tiene la cabeza echada hacia atrás; su rostro lívido muestra la inmovilidad de la muerte. Su pálida mano, sin vida, como si la hubiese extendido para buscar algo, se ha resbalado del colchón de paja, y cuelga en el vacío. Un poco más lejos, al lado de la difunta, dos niños, de caras regordetas y rubios cabellos rizados, duermen en una camita acurrucados y cubiertos con un vestido viejo.
Se ve que la madre, al morir, les ha envuelto las piernecitas en su mantón y les ha echado por encima su vestido. La respiración de los niños es tranquila, uniforme; duermen con un sueño dulce y profundo.
Juana coge la cuna con los niños; y, cubriéndolos con su mantón, se los lleva a su casa. El corazón le late con violencia; ni ella misma sabe por qué hace esto; lo único que le consta es que no puede proceder de otra manera.
Una vez en su choza, instala a los niños dormidos en la cama, junto a los suyos; y echa la cortina. Está pálida e inquieta. Es como si le remordiera la conciencia. "¿Qué me dirá? Como si le dieran pocos desvelos nuestros cinco niños... ¿Es él? No, no... ¿Para qué los habré cogido? Me pegará. Me lo tengo merecido... Ahí viene... ¡No! Menos mal..."
La puerta chirría, como si alguien entrase. Juana se estremece y se pone en pie.
"No. No es nadie. ¡Señor! ¿Por qué habré hecho eso? ¿Cómo lo voy a mirar a la cara ahora?" Y Juana permanece largo rato sentada junto a la cama, sumida en reflexiones.
La lluvia ha cesado; el cielo se ha despejado; pero el viento sigue azotando y el mar ruge, lo mismo que antes.
De pronto, la puerta se abre de par en par. Irrumpe en la choza una ráfaga de frío aire marino; y un hombre, alto y moreno, entra, arrastrando tras de sí unas redes rotas, empapadas de agua.
-¡Ya estoy aquí, Juana! -exclama.
-¡Ah! ¿Eres tú? -replica la mujer; y se interrumpe, sin atreverse a levantar la vista.
-¡Vaya nochecita!
-Es verdad. ¡Qué tiempo tan espantoso! ¿Qué tal se te ha dado la pesca?
-Es horrible, no he pescado nada. Lo único que he sacado en limpio ha sido destrozar las redes. Esto es horrible, horrible... No puedes imaginarte el tiempo que ha hecho. No recuerdo una noche igual en toda mi vida. No hablemos de pescar; doy gracias a Dios por haber podido volver a casa. Y tú, ¿qué has hecho sin mí?
Después de decir esto, el pescador arrastra la redes tras de sí por la habitación; y se sienta junto a la estufa.
-¿Yo? -exclama Juana, palideciendo-. Pues nada de particular. Ha hecho un viento tan fuerte que me daba miedo. Estaba preocupada por ti.
-Sí, sí -masculla el hombre-. Hace un tiempo de mil demonios, pero... ¿qué podemos hacer?
Ambos guardan silencio.
-¿Sabes que nuestra vecina Simona ha muerto?
-¿Qué me dices?
-No sé cuándo; me figuro que ayer. Su muerte ha debido ser triste. Seguramente se le desgarraba el corazón al ver a sus hijos. Tiene dos niños muy pequeños... Uno ni siquiera sabe hablar y el otro empieza a andar a gatas...
Juana calla. El pescador frunce el ceño; su rostro adquiere una expresión seria y preocupada.
-¡Vaya situación! -exclama, rascándose la nuca-. Pero, ¡qué le hemos de hacer! No tenemos más remedio que traerlos aquí. Porque si no, ¿qué van a hacer solos con la difunta? Ya saldremos adelante como sea. Anda, corre a traerlos.
Juana no se mueve.
-¿Qué te pasa? ¿No quieres? ¿Qué te pasa, Juana?
-Están aquí ya -replica la mujer descorriendo la cortina.

martes, 18 de noviembre de 2008

Poemas de Juan Gonzalo Mejía


Envuelvo el último legado de vida en un recorte de papel donde cobijo un refugio

en cuya pared no encuentro grafías

seguiré la ruta del peregrino

gota de sal en la herida del ojo

ahuyento con piedras el grito del ausente

el cual pide no ser un sonido en la oscuridad

en la mañana

en la tarde

en la noche aspiro el humo sagrado de la máquina.

El ave de las sombras grazna en la ciudad.

Semáforos convulsionan en la noche

en el zoológico la mayoría de enjaulados caminan su prisión

entre barrotes las mariposas del jaguar asechan.

*


Desconecta la radio,

apaga la t.v,

salta del sofá,

deja descansar el tímpano,

ven a la calle,

mira la gente

ahora huye

escribe en la piel del árbol

papel de la memoria

esas cosas dictadas

por aquello que alcanzo a descifrar.



*


CUADERNO


Noche de verano

en ella juego a destruir la comodidad

sin distancias más allá de una pantalla

red abierta donde no existo



TROMPETAS DE ANGEL

Su olor florece con luna llena es aroma nocturnal

viaja en el viento polen mágico hechizo de silencio

su olor se desprende en caída libre sin regreso


sábado, 8 de noviembre de 2008

Decálogo más uno, para escritores principiantes. Juan Carlos Onetti


I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."