viernes, 15 de agosto de 2008

Las escuelas socráticas (influencia filosófica de Sócrates en el Helenismo)


Escuela Cirenaica

Aristipo, indigno discípulo de Sócrates, pero digno antecesor de Epicuro, fundó la escuela de Cirene o cirenaica. Según ésta, el único criterio de la verdad se halla en las emociones internas. El origen de nuestros conocimientos es la sensación; el fin del hombre es la felicidad, y ésta consiste en el placer. Era rico y empleaba su fortuna en proporcionarse una vida conforme a su filosofía. No admitiendo diferencia entre el bien y el mal, buscaba únicamente los goces. Tal ejemplo es contagioso; su fácil teoría parece que se arraigó en su propia casa; allí nació el hedonismo o doctrina voluptuaria, explicada sistemáticamente por su nieto, enseñado por su propia madre Arete, hija de Aristipo.
A todas las doctrinas que proclaman el deleite como bien supremo les conviene que no haya Dios, y acaban por negarle; no es, pues, de extrañar que los discípulos de Aristipo cayesen en el ateísmo. De esa escuela salió Teodoro de Cirene, llamado el ateo.
Sin embargo, no debemos inferir que todos los filósofos de Cirene se extraviaran hasta tal punto; Aristipo, su fundador, fue discípulo de Sócrates, y los errores del discípulo no podían destruir de repente todas las doctrinas del maestro.
Hegesias es contado entre los alumnos de la escuela cirenaica; pero este filósofo no debió de satisfacerse mucho con el hedonismo de sus maestros, pues pintaba los males de la vida y las ventajas de la muerte. Se dice que el rey Ptolomeo le prohibió hablar de esto en las escuelas, porque, a consecuencia de sus doctrinas, muchos se suicidaban.



Escuela Megárica

La escuela de Megara fue fundada por Euclides, a quien no se debe confundir con el famoso geómetra que un siglo después llevó el mismo nombre. Fue discípulo de Sócrates, y nada menos que con peligro de la vida. Cuéntase que estando prohibido a los habitantes de Megara entrar en Atenas bajo pena de muerte, iba él, sin embargo, todas las noches, vestido de mujer, y teniendo que andar más de mil pasos. La afición a la filosofía se trocó bien pronto en prurito de disputas; el arte dialéctica que hemos visto nacer en Elea se refinó en Megara; sus filósofos se distinguieron en esta parte hasta el punto de merecer el renombre de disputadores.



Escuela Cínica

La doctrina de la escuela cínica y de su fundador es la antítesis completa de la doctrina cirenaica, bien así como la vida de Antístenes es la antítesis de la vida de Aristipo. Sócrates había enseñado y dicho muchas veces en sus discursos, que en la virtud consiste el bien real, verdadero y único del hombre: y, exagerando y desfigurando el sentido de esta gran verdad, Antístenes comenzó a enseñar que la virtud es el bien supremo, el último fin del hombre, felicidad suma y única a que éste debe aspirar. Las riquezas, los honores, el poder y los demás bienes son cosas indiferentes en el orden moral; son despreciables, y hasta aborrecibles, por consiguiente, para el hombre virtuoso. El placer sensual, lejos de constituir el bien, la felicidad verdadera del hombre, como pretende Aristipo, es, en realidad, un mal, y un mal de los mayores, a causa de los vicios a que arrastra.

1 comentario:

luisa rueda dijo...

es muy buena esta inormacion